Casi nunca es constancia. Es un plan que no encaja con la vida que tienes: pensado para seis días de gimnasio cuando dispones de tres, o para un cuerpo que no es el tuyo. Cuando el programa se ajusta a tu semana real, la adherencia deja de ser un problema de carácter.
Trabajo sobre todo con personas que llevan años empezando y dejándolo. Entreno fuerza porque es lo que mejor sostiene todo lo demás: la energía diaria, la espalda que ya no duele, el sueño. Y mido, porque sin números no sabemos si esto está funcionando o solo lo parece.